Con vuelo propio
2009-04-13 - Clarín Espectáculos // [ enlace a la fuente ]

"Una vez, cuando Guillermo Vadalá vino a Rosario con su banda, Zona Púrpura, le pedí un consejo. Y me dijo que trate siempre de estar rodeado de gente mejor que yo". Gonzalo Aloras recuerda sus tiempos de Mortadela Rancia, y la película, en su memoria se acelera. "De golpe, Fito escuchó Mortadela, me tuvo en cuenta, y de golpe me ví rodeado por Vadalá, Claudio Cardone y Sergio Verdinelli", relata.

Poco después, Aloras cambiaba Rosario por Buenos Aires y, mientras aportaba su sonido a la banda de Páez modelo 2000, le daba forma a su primer CD solista, Algo vuela, con su jefe integrando una larga lista de invitados.

Diez años después, Aloras acaba de editar Superhéroes, un homenaje —"en vida", aclara— a sus "maestros" Litto Nebbia, Charly García y Luis Alberto Spinetta. Pero, además, prepara una producción con canciones propias, que define como una continuación estética de Algo vuela, aunque con un armado muy sobrio. Con uno de sus maestros, Spinetta, como invitado, y también Páez, "pero desde un lugar distinto".

¿En qué sentido?

Es como que se invirtió el juego. Fito canta un tema que le gusta a él y se adecua a mi forma de componer. Algo parecido pasó con Luis, quien repitió la toma de algunas frases hasta el hartazgo.

¿Por qué?

Porque me explicaba que si no se metía en lo que hacía convertiría la canción en un tema suyo. Y él estaba interesado en aprender una manera distinta de decir las cosas.

¿Te pasó algo parecido al armar Superhéroes?

No. Porque siempre cantaba esas canciones en mis shows, para mostrar de dónde vengo.

¿No te dio miedo quedar muy pegado a las interpretaciones originales?

No. Si lo hubiese hecho hace diez años, habría estado tan marcado por ellos que no hubiera tenido ningún valor. La manera de homenajear a alguien es tratar de devolverle al tipo algo que no estaba en lo que él hizo. Es un camino de búsqueda que te hace despegar esas canciones de sus autores y decirlas de otra manera.

¿Ese proceso de cambio se da con tu propio material?

Sí. Dentro de una identidad que me gusta mantener, que implica siempre que haya una idea detrás de cada tema, a diferencia de cierta actitud rockera o punk, que es la de pensar en defender un espacio, prefiero crecer. También influyen los paisajes.

¿Cómo?

Acá, en Buenos Aires, hay otra oscuridad, otra densidad demográfica. La cuestión es modular eso en las canciones. En Rosario, todo era claridad. Acá es muy distinto.

¿La búsqueda también implica incorporar otros aprendizajes?

Sí. Yo me acerqué a Graciela Cosceri para mejorar mi forma de cantar. También me interesé en el jazz. Pero siempre para incorporarlo a lo que hago yo, que es rock.


¿Te incluís en el género, a pesar de no tener cabida en los festivales o en las convocatorias masivas?

Sí. Me parece que está buena la plataforma del rock para joderlos a todos. Uno se podría correr de ahí. Pero si uno colabora con esa exclusión que se hace de los tipos que pretendemos que el rock sea algo más que droga, noche y yo qué sé, estás entregando ese espacio y diciendo: Ok, hagan de esto un mundo de estúpidos e imbéciles y que el rock sea eso para siempre. Es una batalla. Es ocupar un lugar que nos pertenece y hacer que se demore un poco la caída del género como referencia cultural, para que sea sólo una herramienta para vender zapatillas y celulares.


La vienen remando por Fito Páez

Está bueno que un medio como Clarín se fije en Coki, Carlos y Gonzalo, porque la vienen remando desde hace mucho. A Coki lo conocí en la época de Ciudad de pobres corazones. Lideraba Punto G, una banda impresionante de Rosario. Es el más rocker y muy certero a la hora de buscar sonidos. Su disco Perdida es una de las grandes obras del rock de acá. Más adelante escuché a Carlitos, con su grupo, Certamente Roma, una especie de Duran Duran rosarino. Su voz suena muy bien, sola o en coros. Además, como compositor,está camino a ser una especie de Elvis Costello argentino.  Y Gonzalo apareció en la época de Abre. Me gustó mucho lo que hacía con Mortadela Rancia. Es un músico completísimo. Compone, arregla, toca varios instrumentos. Y está muy interesado en la historia que hay detrás de lo que suena Nos hicimos amigos y, en un punto, hoy, es imposible separar lo que significan como amigos de lo que aportan o hacen como músicos. En ese ámbito, creo que trabajan con distintas influencias y me cuesta reconocer alguna mía, si es que la hay. Lo que sí creo es que tienen un gran cuidado por la palabra y por las ideas con que trabajan. Y que, en los tres casos, hay que estar muy atentos, porque son artistas inusuales.

Por: Eduardo Slusarczuk

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